Home / Entérate / Chile ha elegido seguir un camino inexplorado

Chile ha elegido seguir un camino inexplorado

El ex coordinador de educación terciaria del Banco Mundial cree que el país se precipitó en decidir y lanzar reformas educativas. Para él, poner el foco en gratuidad implica una visión estrecha del tema de equidad. 

Durante la presentación en Chile de su libro «El Imperativo de la Educación Superior. Conocimiento y habilidades para el desarrollo», Jamil Salmi recurrió a un proverbio chipriota para referirse a la situación educativa del país. Frente a una audiencia que incluía rectores universitarios y ex ministros de Educación citó: «Una persona irresponsable puede fácilmente botar una piedra al mar, pero cien sabios nunca lograrán sacarla de allí». Se llevó aplausos del público.

«Mencioné este proverbio porque me parece que Chile se precipitó en decidir y lanzar reformas sin pensarlas bien. El país no supo armar un debate racional para considerar el futuro de la educación superior sin populismo, y no logró elaborar una visión consensuada clara de la ruta a seguir para mejorar el sistema sin hacer marcha atrás», explica.

Lo hace a dos semanas de haber dejado Chile y desde Colombia, donde se dedica a investigar. Hasta el año 2012 fue coordinador de educación terciaria del Banco Mundial y hace 20 años que entrega asesoramiento político a gobiernos y líderes universitarios de más de 80 países. Chile no es un caso ajeno: además de conocer en detalle los programas que contaban con apoyo del Banco Mundial, como Mecesup y Chile Califica, entre 2008 y 2009 el especialista de origen marroquí fue parte del equipo que, por encargo del primer gobierno de Michelle Bachelet, evaluó el desempeño del sistema de educación superior nacional.

«Escribí el capítulo sobre el financiamiento. Fue una experiencia intelectualmente apasionante, porque en esa época Chile tenía uno de los sistemas de financiamiento más innovadores y avanzados del mundo, por la diversidad de instrumentos directos a las universidades e indirectos a los estudiantes», dice.

Hace seis años, Jamil Salmi también fue nombrado profesor emérito de la Universidad Diego Portales.

Gratuidad universitaria

Salmi cree que el Gobierno ha sido lento en diseñar la nueva política de financiamiento de la educación superior. Además, que el enfoque en el aspecto de financiamiento y gratuidad «representa una visión muy estrecha del tema de la equidad en la educación superior. En realidad, los aspectos no financieros, como la falta de capital cultural en la familia de origen, la mala preparación académica en la educación primaria y secundaria y la falta de motivación y de información de los egresados de los colegios son todos factores muy importantes que determinan las desigualdades a nivel de la educación superior. Al igual que las barreras financieras», destaca el especialista.

Refiriéndose a la gratuidad, Salmi indica que son menos de 10 países, distribuidos en dos grupos, quienes la practican. Por un lado están las economías árabes del Golfo Pérsico como Arabia Saudita, «ricas en petróleo o gas, que no imponen impuestos sobre el ingreso y que subsidian todos los servicios públicos para sus ciudadanos». Pero -continúa- «no creo que el modelo saudí sea el ideal de sociedad al que aspira Chile».

Los otros son los países nórdicos de Europa. En este caso, la pregunta es si Chile posee las condiciones económicas requeridas para entrar a este grupo. «El PIB por habitante de Noruega, por ejemplo, es de 70 mil dólares, comparado con 24 mil dólares para Chile. El porcentaje de impuestos en el PIB es del 54% en Noruega, pero solamente del 21% en Chile», hace notar Salmi.

Una complicación adicional en cuanto al caso local es que «el 70% de los estudiantes están en instituciones privadas. Ningún país del mundo con tan alta proporción de instituciones privadas funciona con gratuidad. Chile ha elegido seguir un camino inexplorado: los únicos ejemplos de países que eliminaron el cobro de matrícula, Irlanda, Alemania y Austria, son países con casi ninguna institución privada de educación superior», plantea.

Para Jamil Salmi, más útil y realista que el concepto de gratuidad es la noción de costo neto para los estudiantes. «Si un estudiante ‘pobre’ recibe una beca que cubre los aranceles y sus gastos para vivir, se beneficia de la gratuidad. Así es que en realidad, por la disponibilidad de becas y los créditos del Fondo Solidario, la gratuidad existía ya en 2011 para la mayoría de los estudiantes chilenos de los dos quintiles de ingreso más bajo». El problema -indica- lo encontraban los estudiantes de bajos ingresos inscritos en establecimientos privados afuera del CRUCh, que no tenían acceso a becas o a un crédito subsidiado, sino al CAE, «que no ofrecía condiciones tan favorables como el Fondo Solidario».

Para que una reforma educativa como la que se lleva a cabo en el país sea sustentable en el tiempo, el investigador cree que es indispensable que sea diseñada, presentada y adoptada como programa nacional de largo plazo, en consenso con los diferentes actores involucrados: sociedad civil, academia, políticos y economistas, entre otros.

«No como la iniciativa unilateral de un solo partido político, aun cuando este sea el gobernante. Esta es la única manera de asegurar que el consenso conseguido al momento de lanzar la reforma tenga un efecto duradero». En países con poca tradición de política bipartidista, como Chile, esto es todo un desafío, dice.

7 de enero de 2018
Fuente: El Mercurio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *